Mantilla española (no confundir con la imitación china)

El sol, la temperatura y los pájaros cantando hacen que nuestra entrevista se desarrolle en un entorno agradable y nos sintamos como en casa. Son las once de la mañana y hemos quedado con Encarnita Berrio en Dúrcal (Granada)  para que nos hable sobre su experiencia en el mundo de las mantillas de blonda. Tocamos el timbre y Encarnita no tarda en abrirnos. Pasamos a su salón y montamos todo el “tinglao” para llevar a cabo la entrevista.

Paseando por sus inicios

“No recuerdo cómo empecé ni cómo aprendí”, cuenta Encarnita Berrio a los micrófonos de cuv3, pero lo que sí sabe es que lleva cuarenta y tres años dedicada al mundo de las mantillas de manera profesional. Nos narra que, desde pequeña, siempre estuvo rodeada de bastidores y tul, ya que su madre tenía un taller en casa y siempre que tenía disponía de un rato libre se unía a ella.

“No recuerdo cómo empecé ni cómo aprendí”

¿Cómo se hace una mantilla?

El proceso consta de tres fases. “El tul viene en una pieza, tengo que cortar con arreglo de si voy a hacer velo, mantilla o abanico, según la pieza elegida. Después se pone en el bastidor y se coloca una plantilla de papel sujeta con alfileres. Una vez que el tul está perfilado se quita la plantilla y hay que ir rellenando todo lo que es el dibujo que se ha hecho. Cuando el festón ya está hecho, quito la mantilla del bastidor, la recorto y la plancho y ya está todo hecho”, afirma la artesana granadina.

La mantilla se borda en tul y éste puede ser de color negro, crudo o beige. Aunque hay mantillas rojas y de otros colores, ya que mucha gente la borda en crudo o blanco y luego la tiñen. 

El mercado chino gana protagonismo

El mayor problema al que se enfrenta el mundo de las mantillas es el mercado chino. “En algunas tiendas de Madrid dicen que las mantillas son mías pero es producto chino”, afirma Berrio, tras haber tenido varias experiencias con el fraude del mercado chino. Producir una mantilla en China cuesta en torno a diez euros y luego en España se venden en tiendas de alta costura por unos mil. Debido a esto, los artesanos han solicitado al Parlamento Europeo que proteja los productos no agrolimentarios.

Con ello, todas aquellas personas que se dedican a profesiones antiguas estarían respaldadas, al igual que el consumidor, que a veces se gasta un dinero en algo que no lo vale. “Cuando salga la ley que nos proteja, la profesión de las mantillas seguramente se haya perdido, todo va muy lento” cuenta apenada la artesana. A partir de ahora nos relata que sus mantillas llevarán una etiqueta con el distintivo de artesano y de este modo no podrán dar gato por liebre.

“Cuando salga la ley la profesión se habrá perdido”

¿Quién ha llevado sus mantillas?

Desde que su madre tenía el taller han llevado las mantillas personas muy relevantes. Entre ellas, la  Reina Sofía de España, la Reina Noor de Jordania (el día que falleció el Rey Hussein llevo una mantilla de las suyas)y  la infanta Elena, que se la compró a Lorenzo Caprile pero bordada por esta granadina.

Todo el trabajo tiene su recompensa. No es capaz de recordar cuántas veces en estos más de cuarenta y tres años ha llegado a ensartar el hilo, pero lo que quedará para siempre grabado en su mente son las distinciones que le están haciendo y la confianza que deposita en ella la gente. En el mes de noviembre fue galardonada por la Junta de Andalucía con el distintivo de “Andalucía, Calidad Artesanal”.

Anécdotas

“Historias tengo muchas, pero el día que vino la Guardia Civil a mi casa jamás se me olvidará”, afirma entre risas Berrio. Mandó por correo una mantilla que no le habían pagado y allí no la recogía nadie. “Yo estaba súper preocupada, nadie daba señales”, cuenta Berrio. Mientras tanto, la dueña de la mantilla estaba preocupada porque no estaba segura de si en esa dirección hacían mantillas y llegó a temer incluso que tratase de una bomba.

“Siempre digo que no se asocie la mantilla a la peina. Para cualquier celebración se recoge sobre el hombro y queda  muy bonita”, sentencia la durqueña. En Semana Santa, para una boda sí vas de novia, madrina o incluso invitada. Para cualquier celebración vale. Preparen su mantilla que para ir al ruedo, donde también se usa, y San Isidro está a la vuelta de la esquina.

Con información de José Manuel Fernández

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