“Las Fallas no pueden ser un simple cartel de la Unesco”

Las Fallas de Valencia son una de las fiestas más importantes de toda España donde el fuego, los petardos y los cohetes son los protagonistas. Con el paso del tiempo ha ido cobrando más importancia en todo el mundo. Este ha sido el primer año que se celebraban con el nombre de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad designado por la Unesco. De esta forma, cada vez más personas de todo el mundo viajan hasta la capital de la Comunidad Valenciana para disfrutar de este festejo.

Pero no todo el mundo está contento con este nuevo título. Guillermo Rojas ha sido durante 35 años fallero y expresa que estos reconocimientos no benefician a las personas de cada barrio valenciano que paga las cuotas en cada comisión para realizar su falla cada año: “Yo no quiero ser patrimonio de la humanidad, quiero ser patrimonio de mi ciudad y de mi barrio. Quiero que cada persona vea a su falla como algo suyo y que participe. Eso hará enriquecer a esta fiesta”, comenta el fallero.

Rojas se queja de que se piense más en la gente de fuera que en los vecinos de Valencia: “El que vengan cada vez más extranjeros a estas fiestas no afecta para nada a ninguna de las personas que pagan en su barrio. Necesitamos que se mire algo más hacia dentro y no tanto hacia el exterior”, expresa el valenciano.

“Yo no quiero ser patrimonio de la humanidad, sino patrimonio de mi ciudad y que la gente participe”

Sin dinero, resurgen las ideas

Las fallas realizadas por profesionales que han sido contratados por cada comisión del barrio son cada vez más preciosistas y finísimas, lo que se llama en el argot fallero, un lladrosini, según cuenta Rojas. Pero con la crisis, el presupuesto ha disminuido y es entones cuando resurgen las ideas: “A mí me gusta más porque hace participar al colectivo fallero que paga y se pone a pensar en el diseño de su propia falla”, explica Rojas.

Cuenta que la falla de su barrio, más que una falla, al final es el soporte para una obra de teatro: “Hemos representado aquí el inicio de las fallas, el ‘cant de l’estoreta’. Cuando la gente por el barrio en 1900, se deshacía de los trastos viejos, los amontonaba y con cuatro muñecos entre paja, madera y tela montaban unas figuras. Esto se fue perfeccionando y profesionalizando hasta llegar a las fallas que se ven por Valencia hoy en día,” menciona el fallero.

La diversión, el principal objetivo

“Lo que no hay que olvidarse es que esto es una fiesta y la gente paga una cuota con más o menos sacrificio y lo que quiere es divertirse” -recuerda Rojas – “y la falla, a parte de ser una preciosidad, se tiene que convertir en una diversión porque si no esto tenderá a desaparecer y la gente a desinteresarse por el monumento”.

Alejandro Cifre, otro fallero del barrio de la ‘Ciudad del Artista Fallero’, expone lo que hacen para conseguir esa diversión que tanto buscan: “Cada año, vienen todos los falleros con sus bandas de música de las ocho comisiones que hay en el bario y la falla anfitriona invita al aperitivo. Se acercan todos los grupos con su música hasta juntarnos cerca de 1000 personas para divertirnos todos juntos. Porque esto sin diversión no va para adelante y lo que necesitamos es juntarnos en el barrio y demostrar que somos más que un cartel de UNESCO“, expresa Cifre.

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About David de la Torre Sánchez

Estudiante de 4º de Periodismo en Villanueva CU

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