Cómo trabaja un detective privado

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Ignacio O. es detective privado desde hace diecisiete años. Empezó a estudiar psicología, pero le llamó la atención el curso de detective privado y decidió cambiarse. En ese momento, 1996, solo había dos sitios en España donde poder cursarla: Barcelona y la Universidad Complutense de Madrid.  “No recuerdo por qué elegí ser detective, me atraía. Quizá va un poco acorde a la personalidad de cada uno, yo huía cualquier estructura jerárquica y este trabajo me permite trabajar por mi cuenta, con mucha libertad.”

“Este trabajo me permite trabajar por mi cuenta, con mucha libertad”

Las investigaciones que más le demandan están relacionadas con  infidelidades, custodias, localizaciones y el ámbito laboral. En 2004 le encargaron la localización de 35 personas, que eran descendientes de los que fueron propietarios de un edificio durante la Guerra Civil.

Uno de ellos era un chico joven, “López”, que vivía en el centro de Madrid durante la Guerra Civil. Todas las mañanas pasaba con su moto por la calle de Madrid donde estaba el edificio que esta mujer quería comprar y veía a una chica, “María”, que le llamaba la atención. Él intenta contactar con ella, pero está prometida. López tira la toalla pero se desencadena la guerra. Al resistirse Madrid los partidarios de Franco intentaron huir y entre ellos se encontraba el prometido de María. Entonces López, que se había quedado en Madrid, se presentó allí. Tuvieron una relación muy breve y se casaron.

Termina la guerra y el exprometido de María regresa a Madrid. Lo primero que hace es ir a buscarla, pero ahora es la esposa de otro. Denunció a López y le condenaron por comunista y por masón. En el mismo día le cargaron en un autocar, se lo llevaron a la tapia del cementerio de la Almudena y le fusilaron. María en ese momento tenía 21 años. Al enterarse fue corriendo al cementerio de la Almudena. Allí coincide con una mujer con dinero, que se apiada y le ofrece enterrar a su marido en una sepultura que tiene.

“Este hombre fue uno de los 35 que hubo que localizar, me costó Dios y ayuda encontrarle”

“Este hombre fue uno de los 35 que hubo que localizar, me costó Dios y ayuda encontrarle”, contaba Ignacio. “Llegamos a localizar a una señora que tenía ochenta y muchos años y que era la hermana de la mujer del fusilado (de “María”). Ella fue la que me contó la historia de este señor y la que me dijo en qué tumba estaba enterrado.” Ignacio recuerda este trabajo como el que más le ha marcado y es del que más orgulloso se siente por el esfuerzo que conllevó.

¿Se puede sentir cariño por la persona a la que está investigando? “Sí, claro” asegura tajante Ignacio O. “Hay investigados con los que tienes contacto, aunque sea haciéndote pasar por lo que no eres. Te caen bien, son personas. Hay muchas veces que estas investigando a alguien que te puede caer bien, aunque no hayas tenido contacto y sabes que gracias a tu informe le van a hacer la puñeta”.

El investigado en peligro

“El detective debe proteger al investigado” -explica Ignacio- Una vez, un hombre me contrató para localizar a una mujer y me dijo que era su novia del instituto. En realidad era su ex mujer y había un tema de violencia de género de por medio. En esos casos cuando ves algo raro llamas a la policía y preguntas”.

Cuando una persona termina la carrera universitaria de detective, la policía le otorga un número de licencia de la dirección general de la policía. Existe un registro de detectives privados y por esto, cuando un detective se publicita sin mostrar su número de licencia, es muy probable que este incurriendo en un delito de intrusión profesional.

About Paloma Valverde Martín

Estudiante de 4º de periodismo y edición de medios digitales en Centro Universitario Villanueva.

2 comments

Solo decir, que en esa época había otras universidades donde se podían cursar los estudios de detective privado. Yo misma lo hice en otra ciudad que no son ni Madrid ni Barcelona.

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