“La vida en la cárcel no se parece en nada a las películas”

No llevan monos naranjas ni planean fugas todos los días. La droga trata de circular, eso sí, por los módulos de la cárcel para mujeres Madrid 1 de Alcalá Meco. Y de vez en cuando, algún incidente rompe el orden normal del día que se repite cada mañana. Pero las internas llevan una rutina en la que se levantan a la misma hora, van a sus áreas de trabajo (panadería, confección, informática, cocina,…) o bien a sus clases, de formación en Bachillerato o en estudios universitarios (UNED), y suelen comprar en el supermercado que les ofrece la prisión productos de primera necesidad. Recogen la ropa de la lavandería e incluso se prestan sus prendas entre ellas. Algunas forman parte de equipos deportivos de baloncesto, volleyball, o fútbol sala. En el salón de actos se representan las obras teatrales y musicales. Y poseen diez llamadas telefónicas a la semana, así como cuarenta minutos de visitas entre sábados y domingos para no perder el contacto con quien les espera fuera.

La vida en la cárcel, según explicó el director de Instituciones Penitenciarias en Alcalá Meco,  Jesús Moreno, es de lo más habitual. “Es como vuestra vida, te pasan cosas ordinarias y de vez en cuando extraordinarias. Pero no se parece a los tópicos que nos venden en las películas”, afirmó.

Moreno ofreció una conferencia a los alumnos de 2º de Periodismo y Comunicación Audiovisual del Centro Universitario Villanueva en la que explicó el día a día en un presidio en el que conviven unas 500 internas. A la mayoría, el tráfico de drogas, calificado como delito contra la Salud Pública, les lleva a cumplir la condena, y otros delitos como las estafas o los ataques a personas, son las causas del resto de las penas.

El objetivo es la reinserción social después de haber cumplido la pena

“Los delitos contra las personas están subiendo mucho” declaró. No obstante, el vivir en la cárcel no es tan fácil. Moreno afirmó que “entrar en prisión no es agradable. Es muy duro”. Por este motivo, expuso la necesidad de dotar a los que viven privados de libertad de unos derechos especiales. Y es que esa privación requiere un mecanismo que, ante todo, persiga dos objetivos: modificar los rasgos y las causas que llevan a delinquir, y, con un adecuado tratamiento penitenciario, conseguir una reinserción social una vez cumplida la pena.

En un principio, la prisión de Alcalá Meco estuvo destinada para jóvenes con problemas de drogadicción. Con el paso de los años, ha pasado a albergar a mujeres en prisión preventiva y penal, que cumplen su estancia en prisión en un ambiente de absoluta formación académica y laboral. El aspecto de los módulos, como se pudo ver en las diapositivas que presentó Moreno, está muy alejado de lo que podría imaginarse cualquiera.

Vivero, polideportivo y piscina

Las áreas se sitúan en pequeñas casas coloridas, y entre ellas un verde y floreciente jardín por el que pasear. Cuenta con un vivero, un polideportivo, una piscina… No parece una cárcel inhóspita como las que aparecen en las películas, pero tampoco es la vida en el exterior, gozando de plena libertad. Es un lugar de purgar los delitos, bajo un ambiente focalizado en la reeducación y la reinserción social. “Evidentemente, no somos un hotel. Pero les alojamos, les damos de comer, lavamos su ropa, les cuidamos en la enfermería,… Son prestaciones parecidas a un hotel, añadiendo la educación y la formación; que son la clave”, afirmó.

El 65% de las internas son extranjeras, el otro 35%, españolas. El delito más común es el de la posesión y tráfico de drogas, y según explicó el director, constantemente se viven episodios de intentos de introducir droga en la cárcel. Un 70% de esos intentos lo protagonizan las internas, un 29%, familiares y amigos, y un 1% personas que ni son internas ni sus allegados: funcionarios y miembros de asociaciones que visitan la cárcel, por ejemplo. Los paquetes se esconden en los lugares más imprevisibles, incluso adheridos al cuerpo. En los controles, sin embargo, se conocen los mayores intentos gracias a la experiencia.

La droga que se intenta introducir en la cárcel se esconde en los lugares más insospechados

Jesús Moreno también habló de las diferencias entre una cárcel masculina y una femenina. “Las mujeres van a la cárcel mucho menos que los hombres, ya que por cada nueve hombres que delinquen e ingresan en prisión, lo hace también una mujer”, comentó.

También habló de la peculiaridad del ingreso en la cárcel de una mujer como madre: “La mujer no es un individuo, es la piedra angular de la familia. Cuando una mujer entra en prisión, se quiebra la unidad familiar, y los hijos quedan desamparados, lo que no ocurre tanto en el caso de los hombres”. A raíz de este tema, comentó la posibilidad de que las mujeres embarazadas puedan quedarse con sus hijos al dar a luz en la cárcel hasta los tres años del pequeño, cuando son pasados a custodia de familiares o amigos, o madre e hijo acuden a una Unidad de Madres.

La fama no cuenta en la cárcel

En relación con el tema tan actual como es el ingreso en prisión de la tonadillera Isabel Pantoja, varios de los alumnos le preguntaron si los personajes de relevancia pública poseen algún tipo de tratamiento especial en prisión, o protección frente a otros presos. “No hay ninguna diferencia”, afirmó Moreno. “Lo único que puede distinguirles es que recibirán más visitas y que todos los meses tendrán su máximo de 100 euros en su tarjeta de crédito de prisión”, apuntó.

El sistema penitenciario en España, en palabras de Moreno “es muy moderno y más benévolo que en otros países”. De ahí que solamente sean los holandeses los que habitualmente pidan un traslado a las prisiones de su país, ya que cumplir condena debe ser mejor que en España, donde normalmente el resto de los presos extranjeros prefieren quedarse.

Con información de Alejandra Morata

(Visited 10.582 time, 1 visit today)

About Sara Delgado García

Estudiante de cuarto de Periodismo en Villanueva C.U.

Deja un comentario

*