Antonio Montero: “La prensa rosa ha mutado en amarilla”

En los últimos años se ha producido un gran cambio en la prensa rosa o del corazón. La información referente a la corona o a la aristocracia pasa a un segundo plano y cede su hueco a los personajes, personas que, a pesar de no ser relevantes para el interés público, tienen a la audiencia pendiente de todos y cada uno de sus pasos.

El periodismo del corazón, que empezó a través de revistas especializadas en el género, era ameno y hacía a la sociedad maravillarse de las vidas y la clase de la alta sociedad, “era fácil imaginarse en una de sus mansiones o soñarse posando en familia para una de las grandes revistas. Aquellos sujetos eran dignos de admiración y cosechaban simpatía entre los lectores”, dice Antonio Montero.

Antonio Montero

Este madrileño de 50 años comenzó su carrera profesional como paparazzi y uno de los primeros eventos que cubrió como periodista fue la boda entre el príncipe Andrés del Reino Unido y Sarah Ferguson en 1998. Trabajó en la Agencia Korpa y en 1991 crea junto a su esposa la Agencia Teleobjetivo. Posteriormente, también creó la Agencia Código Press.

Debe su popularidad a sus apariciones en televisión, medio en el que ha colaborado como cronista de sociedad en diferentes programas como Sabor a ti (2002-2004)  junto a Ana Rosa Quintana y sobre todo DEC, espacio presentado por Jaime Cantizano en Antena 3 y en el que permaneció ocho años, entre 2003 y 2011 en labores de entrevistador de personajes relevantes de la actualidad social.

En 2012 es fichado por la cadena Telecinco, para la que colabora en programas como Materia reservada o Sálvame Deluxe, La Noria o Vuélveme Loca.

Transición

“Sin embargo, el género ha ido perdiendo su razón de ser y ha mutado en una especie de prensa amarilla”, afirma el periodista. El intrusismo en la profesión y la aparición de personajes han catapultado programas televisivos de esta índole a la cabeza de los índices de audiencia.

Las cadenas de televisión se han dado cuenta de que “lo que vende” en televisión son las historias personales. Siempre que haya sentimientos de por medio y escándalos entre los personajes protagonistas de estas informaciones superfluas habrá más posibilidades de que un programa determinado se posicione en un nivel alto de visualización. “Los medios privados han olvidado su compromiso con la ciudadanía para dejarse llevar por lo único que importa al fin y al cabo: la audiencia. Cuanta más gente ve un programa, más posibilidades habrá de conseguir anunciantes que, al fin y al cabo, es lo que sustenta un medio de comunicación”, continúa Montero.

El beneficio económico fácil puede llegar a merecer más la pena que preservar los derechos

Los espacios en televisión suelen tener las mismas características y es necesario tener material, cueste lo que cueste, independientemente de su calidad o su procedencia. Los programas que se sustentan sobre enfrentamientos en directo y “exclusivas” sobre ciertas personalidades, han demostrado que tienen éxito y dan beneficios. Las empresas de comunicación no dejan de ser eso; empresas que buscan ganar dinero, aunque la forma de hacerlo no sea la mejor. El glamour del periodismo del corazón ha quedado en un segundo plano, la exquisitez ha dejado paso a los gritos y a la falta de compostura en directo.

Los personajes

Las cadenas tratan a sus personajes con poco cariño, machacándolos y buscando nuevos escándalos, nuevas historias con las que consiguen crear expectación y curiosidad, manteniendo pendiente a la audiencia, que se convierte en un testigo mudo de estas historias creadas.

Una de las razones por las que estas personas tienen éxito es por su procedencia: nunca han sido famosos ni han pertenecido a una clase privilegiada que tuviera contacto con los medios de comunicación de masas. Son ciudadanos corrientes a quienes se les ha presentado la oportunidad de conseguir cuantiosas sumas por mostrar su vida y su forma de actuar a todos los espectadores, adquiriendo una fama efímera que, sin embargo, les permitirá vivir holgadamente durante bastante tiempo.

Esto causa en el espectador cierta cercanía y sobre todo, ganas de participar en este tipo de informaciones, por lo que “a la mercantilización de la privacidad se suman personas que, a pesar de no tener nada que contar, buscan presenciarse en los platós de televisión, recurriendo a supuestos enredos con personajes ya existentes o grandes enfrentamientos”. El beneficio económico fácil puede llegar a merecer más la pena que preservar el derecho al honor o la intimidad propios de cada individuo.

Derecho a la intimidad

En cuanto al tema de la privacidad, es necesario añadir que muchas de las personalidades que dicen perseguirla son los que airean con mayor frecuencia su vida privada en los medios de comunicación. Entran en juego dos derechos que se refieren a la ética de ambas partes: el derecho de los periodistas a informar (art. 20), y aquellos inherentes a las personas como el derecho a la intimidad, el honor y la propia imagen. Está claro, sin embargo, que si los propios personajes vulneran sus derechos, no pueden esperar que los informadores de la prensa rosa no hagan lo propio. “La hija de Isabel Pantoja, Chabeli, está expuesta por culpa de su madre, en el momento en que cumplió los 18 años decidió formar parte de este mundo, solo quien quiere se expone a ello”, aclara Antonio Montero.

La prensa del corazón burdamente emitida no va a desaparecer si continúa habiendo personas dispuestas a encender el televisor y empaparse de la vida de otras de los demás.

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