El Haneke menos conocido se asoma de la mano de Mozart

Escena de Cosí fan tutte dirigida por Michael Haneke
Escena de Cosí fan tutte dirigida por Michael Haneke

La entrada de artistas del Teatro Real de Madrid está abarrotada por la gran cantidad de periodistas, alumnos, apasionados de la música y familiares de músicos que acuden esa tarde al preestreno de la nueva ópera que va a representarse en la capital española.

Mientras los presentes toman asiento, las fanfarrias de Monteverdi predicen el espectáculo que tendrá lugar en breves instantes. Poco a poco las luces bajan y se hace el silencio en la sala. Pero todas las cabezas funcionan en un mismo sentido e intentan adivinar cómo será la ópera que van a ver, y sobre todo, cómo habrá dirigido la misma el cineasta alemán Michael Haneke.

Y es que esta representación supone una excepción sobre todo por su director y el enfoque que ha dado de ella. Pero para llegar hasta aquí ha sido necesario un duro trabajo de muchas jornadas en el Teatro Real.

Aunque sea su faceta menos conocida, la música es la pasión frustrada de Haneke, que ganaría un Oscar días después a la mejor película de habla no inglesa con “Amor” y que estaba nominado a otros cuatro. El director reveló en una rueda de prensa la conexión que para él tienen la ópera y el cine con las palabras: “La música tiene un conjunto unificador en el conjunto de una obra”.

Como el director explicó, “no es habitual que te ofrezcan a Mozart hoy en día”, y menos una ópera de la importancia de “Cosí fan tutte”, considerada una de las obras más importantes del músico austríaco del siglo XVII.

Se levanta el telón

Despacio, sube el telón y casi de inmediato destacan elementos propios de las obras de Haneke, del que se asegura que está obsesionado por poder trasladar a la era moderna sus creaciones. En la enorme habitación de palacio en la que discurre la escena hay un gran bar, una librería y un sofá de piel. Como él mismo explicaría en una rueda de prensa en el Círculo de Bellas Artes, la historia en cada ópera es importante, pero que cree que “es una obligación relacionar ambas épocas”.

Las miradas de los presentes se dirigen rápidas de un punto del escenario a otro para no perder detalle de nada de lo que en él se encuentra.  Y aparecen en escena los protagonistas de la historia con las divertidas primeras notas de la obra.

En cuanto comienza la música y los cantantes comienzan a cantar, el público parece soltar el aliento que tenía contenido para no hacer ruido.

Una historia de engaños

El espectador se familiariza rápidamente con Alfonso, Despina, Ferrando, Giulliemo, Dorabella y Fiordiligi y con esta encadenación de amores, desamores, engaños, manipulaciones… Y por fin se entiende por qué Haneke eligiría esta ópera.

Famoso es su gusto por narrar la peor cara de ser humano, y pocos personajes sirven de mejor ejemplo que los criados Alfonso y Despina, cuyas vidas desgraciadas hacen que quieran demostrar al resto que hasta la mujer que parece más recta sería infiel. Llama la atención la profundidad que Haneke consigue otorgar a los criados, que contrasta enormemente con lo que hicieron Mozart y Lorenzo da Ponte al crear el libreto, cuyos personajes eran muy poco complejos. Así, el director deja su sello de identidad que puede pasar inadvertido para el público, pero que se ve claro al comparar “Cosí fan tutte” con sus obras anteriores.

Casi sin darse cuenta el teatro ve finalizar el primer acto y cómo la enrevesada historia ha cobrado forma. Fue Haneke quien explicó días después que parte del interés de esta ópera reside en “esas pequeñas guerras cotidianas que duelen y contribuyen a las grandes guerras”.

Sin embargo, no es hasta el segundo acto cuando se identifica la imagen de esperanza que ya transmitió Haneke en “Amor” cuando parece que Fiordiligi no traicionaría a su amado.

También los hombres hacen lo mismo

Entre carcajadas, el público aplaude algunas de las arias más divertidas protagonizadas por la malvada Despina, y casi vitorean con admiración las de Fiordiligi.

A lo largo de toda la ópera, se distinguen los toques de este director, que cambia el enfoque de Mozart para el que “todas hacen lo mismo” por un “todos hacen lo mismo”. Tanto las mujeres como los hombres son infieles por igual, y así quiere demostrarlo el director con los movimientos, miradas y acciones de sus personajes.

Cuando el público cree que todo está acabado y que el destino de los amantes ya está decidido, Haneke da un giro al final feliz de la obra original y hace que éste quede en el aire con la duda sobre el sino de los personajes.

El cine oscuro de Haneke

No deja de destacar que el alemán decidiera dirigir esta obra que se distancia tanto del cine oscuro y desgarrador al que tiene acostumbrado a su público. Pero al final sus sellos de identidad han quedado impregnados por toda la representación y otorgan a “Cosí fan tutte” de unas características únicas y muy diferentes a las que Mozart le quiso dar.

De golpe, baja el telón y el Teatro Real rompe en aplausos. Vuelve a levantarse la cortina con el sonido de palmadas incesante y por fin cantantes y director salen a saludar al patio de butacas que les recibe con una gran ovación.

Horas después, a la vez que el director sube al avión que le llevaría a recoger su Oscar, el público continúa con la música de Mozart en la cabeza.

Y es que Haneke no decepciona.

(Visited 137 time, 1 visit today)

About Pilar Mesquida

Estudiante de Periodismo

4 comments

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.