Vicente del Bosque, el marqués sereno

El seleccionador nacional, Vicente del Bosque, en su casa (Foto: Nerea Abad)

Irrumpimos en el día a día de un entrenador. Es igual que el común de los mortales, pero tiene algo de especial. Ha recibido la Gran Cruz de la Real Orden del Mérito Deportivo, la Orden al Mérito Turístico, la Orden del Dos de Mayo, el título de I Marqués de Del Bosque, el premio al personaje más solidario del año 2012, es Doctor Honoris Causa por la Universidad de Castilla-La Mancha, se ha llevado a casa un Mundial (2010) y una Eurocopa (2012). Y aún hay más. Detrás de él, dos vitrinas.

Allí lucen estos y otros tantos títulos que el protagonista de esta historia se ha ganado por sus méritos en el terreno de juego y por su participación en las causas solidarias. Su apariencia difiere mucho del estereotipo de un hombre que ostenta un título nobiliario como el de marqués. La designación la lleva por dentro, más que por fuera. Es excesivamente humilde, cordial en las formas, y muy tranquilo. 

Con los pies en la tierra

Esta tarde, una tarde cualquiera, cuv3 irrumpe en la vida de Vicente Del Bosque, que está disfrutando del encuentro Zenit St. Petersburgo-Málaga. Los últimos minutos los contempla -a duras penas- mientras mira de reojo la pantalla: “No pasa nada, si ya está acabando”. De repente, se olvida del partido y se acomoda en una butaca tapizada en color burdeos.

Listo para recordar sus vivencias personales desde que dejara Salamanca con 16 años, hasta hoy, convertido en uno de los personajes más aclamados por los flashes, los españoles, los medios, los aficionados…, Del Bosque confiesa que esta tarde pintaba tranquila: “Lo apunto todo en la agenda, pero no me acordaba de que hoy tenía dos visitas. He llegado de una comida y he pensado, ¡qué bien, hoy tengo toda la tarde libre!”. Vicente del Bosque es una pura contradicción. Ha recibido cientos de premios a lo largo de su vida y es casi imposible encontrar malas palabras hacia el seleccionador nacional.

Todo son halagos. Todo son admiraciones. ¿Cómo consigue mantener los pies en la tierra?: “Desde el pensamiento de que solo soy un entrenador de fútbol. Tampoco soy nada más”. Sin quererlo ni buscarlo, el salmantino se convierte en un ejemplo de lo políticamente correcto cada vez que sale a la palestra. El título de I Marqués de Del Bosque, aunque no lo reconozca, le viene al pelo. Es elegante en el fondo y en las formas. Sabe que parte de su trabajo pasa por acudir y atender a quienes le requieren. Y no son pocos.

Su familia, sus recuerdos

Estas son algunas de las medallas de Vicente del Bosque (Foto: Marta Candela)

Esta tarde el seleccionador está solo. Su hijo Álvaro –el mediano, que nació con síndrome de Down- ha bajado a pasear a su perro. Mientras empieza a recordar su infancia en Salamanca, su teléfono no deja de vibrar. Es propio de un hombre cuyo calendario tiene marcados unos cuantos eventos a lo largo de la semana. Mira el móvil, decide ignorarlo, y sigue hablando. Pero el teléfono no le distrae de sus recuerdos.

Vicente del Bosque trae a colación a su madre, Mª del Carmen González: “Era muy buena cocinera, lo hacía todo muy bien”. El seleccionador solo entiende la cocina de su mujer -Trinidad o Trini- y la de su madre. De su padre, Fermín del Bosque, recuerda su carácter recto, cuadriculado y algo inflexible. Sin embargo, una sonrisa aparece en su rostro cuando habla de él: “Mi mujer dice que soy clavado a mi padre. Yo creo que sí. Tengo muchas cosas de él, pero la vida va evolucionando. Mi padre era claro en sus ideas y yo -creo- soy más flexible, más tolerante”.

Lejos de los flashes

Sí, al seleccionador, en cierta medida, le agobian la fama y los periodistas: “No me siento muy cómodo pero intento llevarlo de la mejor manera posible. Creo que estamos aquí para colaborar unos con otros”. Para evitar que se centre la atención exclusivamente en él, y quizás por su timidez, Del Bosque trata de hablar en plural. Si le preguntan por el éxito que ha cosechado como jugador, como entrenador y como persona, no deja de atribuir gran parte de ese triunfo al resto de su equipo. Él se siente uno más. Sin distinciones, sin alabanzas.

Sus hijos, Vicente, Álvaro y Gema -en orden de edad- huyen de todo protagonismo. Como su padre, vaya. El primogénito de Del Bosque -Vicen- no es un gran estudiante, aunque “muy buena persona”. Sí, igual que Del Bosque. Álvaroel más optimista de la familia– es “un fenómeno” que cautiva a todos. Y Gema -la que más se parece a su madre- ha heredado del seleccionador su faceta más solidaria. Los tres tienen buena relación entre sí. El segundo hijo del Del Bosque tiene mucho que ver en esto: “Yo creo que se llevan bien. Álvaro une mucho”.

Es el único que le discute a su padre las alineaciones y es imposible que piense que la Selección va a perder: “Ya está diciendo que vamos a ganar en Brasil y que se va a subir al autobús en no sé dónde”. A Trini no le gusta tanto el fútbol como a Del Bosque, sin embargo, ya se ha aficionado a la que ha sido una vivencia tan grande y tan intensa para la familia, en especial la de los últimos años de su marido como entrenador del Real Madrid. Ella es quien -de joven- le convenció de que se dejara bigote: “Dice que me favorece”.

El entrenador confiesa estar más acostumbrado a las victorias que a las derrotas, sobre todo después de lo ganado en los últimos tres años, pero en su casa esta circunstancia se lleva con total naturalidad. Hoy, después de haberlo ganado todo, Del Bosque tiene un sueño por cumplir: “Ver crecer a mis hijos, que sean buenos chavales, nada más. Que se integren pronto en la sociedad de trabajo y que vayan ganándose su vida poco a poco”.

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About Marta Candela

Estudiante de 5º de Periodismo en el Centro Universitario Villanueva (Complutense). Twitter: @MCandela_ / E-mail: mcandelam@gmail.com

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