Viaje sensorial al interior de Marina Abramovic

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Marina Abramovic, en un momento de la representación

Lunes 9 de abril, 16:00 horas. Un grupo de alumnos esperan ansiosos para entrar en el Teatro Real por la puerta de artistas, guiados por Felipe Santos, profesor de Movimientos Artísticos Contemporáneos del Centro Universitario Villanueva.

Dentro está a punto de comenzar el último ensayo de Vida y muerte de Marina Abramovic, la artista de performance más importante del mundo. No solo actua ella misma en la recreación de su propia biografía, sino que está dirigida por Bob Wilson, uno de los más prestigiosos artistas de las artes visuales y escénicas. Casi nada. Finalmente, un responsable acude a buscar a los visitantes y, atravesando las entrañas del Teatro Real, nos conduce hasta nuestras butacas.

La obra se estrenó el pasado miércoles 11 de abril en el Teatro Real. Gente de todo el mundo vino al estreno. Es una de esas veces en las que hay tanta expectación que las entradas se agotan rápido, allá por septiembre.

Gira, gira, gira…. Stop!

Joachim Pflieger, segundo de a bordo del director artístico del Teatro Real, nos explicó, antes de entrar al ensayo del lunes 9, qué íbamos a presenciar allí. Tan solo unas pocas personas ajenas a la producción podíamos asistir. Con nosotros iba un pequeño grupo de estudiantes de Villanueva y de otra universidad de Madrid. El silencio absoluto era fundamental para no desconcentrar a los artistas y técnicos.

Desde el palco podíamos ver cómo bullían de actividad el patio de butacas, el foso y el escenario. Todo estaba lleno de técnicos a las órdenes de Bob Wilson. Había tensión en el ambiente. Ese ensayo era clave, la última oportunidad del director para corregir alguna cosa y para evaluar la madurez del trabajo de su equipo. Todos eran conscientes de que el margen de error era muy pequeño: estaban a dos días del estreno.

Los focos, a punto

Willem Dafoe, durante uno de los ensayos

Bob Wilson crea atmósferas con las luces y las formas en el escenario. Todos los elementos deben seguir un orden riguroso, ninguno está puesto al azar.

El montaje de focos es impresionante. La intensidad de cada uno está medida a conciencia y el área que ilumina también. No hay dos focos que mezclen sus colores de forma fortuita. Consigue unos degradados que recuerdan a los que Dan Flavin creaba a base de fluorescentes a mediados del siglo pasado.

Si hay algún tipo de desajuste con alguno no pasa nada. Wilson para el ensayo y va diciéndole al técnico de luces el porcentaje de luz que necesita: “Cuarenta por ciento, cuarenta y tres, cuarenta y cuatro, baja un tres por ciento que has subido cinco de golpe…”. No se le escapa una, sabe lo que quiere.

En el foso, los músicos están listos para tocar. A su lado, en una plataforma pegada al escenario, Willem Dafoe espera el momento de entrar en escena improvisando posturas imposibles sobre una silla giratoria.

Entre los técnicos, nadie pierde el tiempo, todos saben lo que tienen que hacer. Los técnicos que hay sobre el escenario se mueven según las instrucciones de Wilson. Todos los elementos que aparecen en el atrezzo tienen un orden interno dispuesto por él y así deben de colocarlos.

“Silencio, por favor”

Wilson pide silencio a todo el mundo. Antes de nada les invita a compartir si algo que les haga estar incómodos en su puesto. No parece haber nada. Empieza el ensayo con interrupciones del director. Hasta los pasos que debe dar Marina Abramovic están perfectamente medidos y solo tienen una única manera de ser andados.

Cuando Wilson interrumpe una escena a la mitad, sobre el escenario, los actores conservan su pose, inmóviles. Son como una película a la que se acaba de dar a la pausa.  Esperan a que el director les dé alguna instrucción. Puede que haya detenido el ensayo debido a que no se han movido exactamente como deben, o las acciones no están medidas tal y como él ha diseñado.

El grupo de visitantes abandonamos el Teatro Real después de haber visto dos horas y media de ensayo. Todos teníamos ganas de ver en qué se iba a convertir ese ensayo al día siguiente.

Desconecten sus móviles, el espectáculo va a comenzar

Martes, 10 de abril. Llega el día del ensayo general. Es un ensayo pero sin pausas, como se hará el día del estreno. Si difiere mucho lo que debería ser representado el día del estreno al director le da un ataque. Es la última oportunidad del equipo para medir el estado de la obra.

Marina Abramovic con Antony

Mientras el público iba ocupando sus asientos, tres perros negros se desplazaban sinuosamente sobre el escenario olisqueando alrededor de tres ataúdes con una persona tumbada encima cada uno. Una de esas personas era Marina Abramovic, pero no está claro cuál porque todas llevan una máscara igual. Había mucha expectación en torno a lo que allí se iba a representar. Se apagaron las luces de sala, Willem Dafoe emergió del foso con su plataforma y comenzó el espectáculo.

Desde el primer momento comienza una sucesión de narraciones, bailes, músicas, colores, caras y luces que no cuentan la vida y la muerte de Marina Abramovic. La música de Antony acompaña la experiencia sensorial.

El escenario parece cobrar vida. Las atmósferas que se crean sobre él con todos los elementos perfectamente dispuestos hipnotizan y atrapan. El espectador se ve transportado al universo que Bob Wilson ha construído para biografiar a Marina Abramovic. Todo sugiere. Un torrente de estímulos visuales y sonoros van provocando sensaciones en el espectador.

 

“Escucha las imágenes”

Tanto los elementos que aparecen en escena, como la caracterización de los personajes y sus acciones, poseen una significado. Nada llega al escenario aleatoriamente. El conjunto hace que tus sentidos se despierten y que vivas un viaje de tres horas hacia el interior de Marina Abramovic. Hay referencias constantes a sucesos de su vida, para aquel que la conozca bien.

Es una obra de arte intraducible a lenguaje verbal. Hay que descifrarla en su propio lenguaje, como una unidad que encierra en sí misma una poesía más allá de la razón. Como dice Bob Wilson en el programa editado para la ocasión “Simplemente disfruta de la escenografía, las disposiciones arquitectónicas, la música, los sentimientos que todo ello evoca. Escucha las imágenes.

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