…Y Luis del Olmo os llamó “queridos compañeros”

El aula donde se celebraron las Jornadas de Periodismo, llena a rebosar (Foto: Cristina Lanzarote)

Hubo unos cuantos titulares con mayúsculas. Tardaron poco en asomarse a los confidenciales, una buena colección de periódicos, populares programas de televisión (¡sálvese quien pueda!) y las cuentas de los asombrados tuiteros. Hubo también muchas palabras de ánimo, palmadas en la espalda, brindis por la radio (hip, hip, hurra), frases que sólo se pueden pronunciar delante de un micrófono, en la soledad de un estudio, para ser paladeadas con los ojos cerrados.

Se habló poco de crisis. Gracias.

Se habló mucho, sin embargo, de amor. Y de pasión. Pasión por la radio. Pasión por la radio en todos sus formatos, a todas horas y en todos los soportes (qué palabra más fea para algo tan bonito como la radio).

Se habló de música y deporte, se protestó porque en las cabinas de los estadios nadie canta gooooooool con todas las “oes” que son capaces de reescribir unos pulmones, y se recordó que da igual cuántos estén al otro lado del micrófono, si caben en una habitación o si son legión, porque el locutor, el hombre de radio, ¡el radiofonista!, nos habla a todos uno por uno, en persona, cara a cara, al oído, como dijo Javier González Ferrari.

Sí, sí, no mires a los lados. Es a ti. Te estoy hablando a ti.

¿Y para qué? Qué más da. “Trabajo feliz para contarle al mundo lo que está haciendo el mundo”, confesó Lara López, directora de Radio 3.

Hubo muchos titulares y, sin embargo, uno de ellos casi pasa desapercibido. No sería justo. Lo pronunció, cómo no, Luis del Olmo, cuando a este lado del ring – 75 años y 11.269 programas de radio a sus espaldas-  se dirigió a esos aspirantes a periodista con el mejor piropo que puede decirse a alguien que tiene aún todo por demostrar:

– Queridos compañeros…

Para Luis del Olmo, para González Ferrari, para cualquiera que tiene la enfermedad de la radio saltando por sus venas, “compañero” es todo aquel que se ha sentado alguna vez delante de un micrófono, aunque sea en grado de tentativa.

¿Una entrevista para cuv3?

Allí, convocados por el Centro Universitario Villanueva con motivo de sus IX Jornadas de Periodismo, había más de una decena de directores de emisoras, locutores veteranos, voces y rostros conocidos. Allí había muchas formas de hablar, cadencias, giros y expresiones que se asoman cada día a nuestras casas, a vueltas con el dichoso taconazo de Cristiano Ronaldo o la picardía de Messi, o empeñándose en que aprendamos portugués, te pegue o no te pegue, para cantar el tema de moda.

Ellos hacen y deshacen programaciones de radio, marcan tendencias, adivinan éxitos comerciales y diseñan la banda sonora (y hablada) que nos acompaña cada día. Y ni uno de ellos -¡gracias!- puso una sola pega cuando, al término de sus intervenciones, se les pidió una entrevista. Ni el más grande. Ni el más pequeño. ¿Tendría usted unos minutos para atender a los futuros periodistas?

Villanueva se convirtió entonces en un improvisado centro de prensa con un reportero en cada esquina (cámara al hombro, micrófono en mano, carné al cuello) pululando en busca de su entrevistado, sin codazos pero con mil ojos. Como los que cobran por hacerlo, pero sin más competencia que la de uno mismo -la más feroz de todas-, y el reto de aprender y hacerlo cada vez mejor. Y mejor. Y mejor.

Y mejor.

A mano derecha, nada más salir de ese aula a rebosar de alumnos con sus sillas aparcadas en triple fila, dos redactoras de cuv3 interrumpían la circulación del pasillo, la M-30 de Villanueva, con una entrevista a Paco García-Caridad, de Radio Marca. A unos metros de ahí era el director de Los 40 Principales quien se sometía a las preguntas. En el photo-call (faltó la alfombra roja) y en cualquier esquina había entrevistas en cadena, ya sea el popular Javier Llano (Cadena 100) o el certero Lluís Rodríguez Pí (Cadena Ser).  En el hall, nada menos que el presidente de Onda Cero, Javier González Ferrari. Y, por supuesto, el enorme Luis del Olmo (en todos los sentidos) respondiendo en un aula ya casi vacía a las últimas preguntas (¡un buen periodista siempre tiene una última pregunta en la guantera!)-.

Luis del Olmo, atendiendo a las preguntas de cuv3 (Foto: Marta Candela)

Minutos antes ya se había confesado. Dicen que llegó a emocionarse. Será por haber conseguido ese aplauso, eterno y sincero, a lo Plácido Domingo, o por lograr que en un aula repleta de estudiantes no se oyera la respiración de un alma ni el repiqueteo de un móvil ni el susurro de los tuits.

-Es un milagro -confesaba con sorna un alumno.

El milagro de la radio.

¿Mereció la pena? Seguro. ¿Se afianzaron vocaciones? Ojalá. En cualquier caso, la huella que dejaron las palabras de los hombres de la radio quedará en todos aquellos que, esa noche, de vuelta a casa, apagaron la “playlist” de su smartphone y encendieron el transistor (es un decir) para escuchar a un locutor que le susurraba secretos al oído. A él. Sólo a él.

Es un milagro. Sí.

El milagro de la radio.

About Ernesto Villar

Ernesto Villar. Director de cuv3