Locura por Justin Bieber: “Tiene bonitos hasta los dedos de los pies”

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Cientos de adolescentes histéricas, madres guardando el sitio a sus hijas, policías enfadados pidiendo orden, cámaras de televisión buscando a la fan más entregada, miles de restos de basura, mucho color morado, números de teléfono escritos en pancartas pidiendo ser marcados únicamente por una persona. Eran las cuatro de la tarde del martes, y aunque pegaba el sol, todo y todos estaban ya preparados para que comenzase el show del ídolo adolescente más aclamado: el concierto de Justin Bieber en el Palacio de Deportes de Madrid.

Sólo tiene diecisiete años, pero Justin Bieber se ha convertido en la sensación del momento. No solo lo dicen las revistas y medios de comunicación de todo el mundo. Lo dicen sus fans, en Madrid, a la espera de que se abran las puertas del Palacio de los Deportes, lugar donde su sueño, por fin, se haría realidad. Verían en persona a ese perfecto jovencito al que llevan al colegio en sus carpetas o estuches, ven cada mañana colgado en el poster de su habitación o escuchan cada vez que ponen su disco.

En la plaza de Felipe II era difícil distinguir si había más adolescentes o madres en las colas. Dos generaciones  diferentes habían recorrido, en la mayoría de los casos, cientos de kilómetros para llegar a la capital. Sin embargo, el motivo para cada una de ellas era muy diferente: para las primeras, ver a su ídolo. Para las segundas, el incondicional “amor de madre”. Y es que al preguntar a muchas de ellas qué hacían allí, la respuesta era bastante parecida: “Vengo a acompañar a mi hija, pero yo no entro, me quedo aquí aguantando de todos los trastos”.

Esos trastos que hablan no son más que colchones, mochilas o tiendas de campaña que posibilitaron la estancia durante las largas noches de espera a las puertas del recinto. “Llevo aquí desde el martes pasado, una semana, durmiendo en una tienda de campaña y turnándome con mis compañeras de grupo para guardar la cola, mientras yo iba a trabajar”, comentaba una de las “believers” de diecinueve años, posicionada en las primeras filas.

No fue la única. Muchas otras fans, llegadas desde diferentes puntos de España, siguieron el mismo ejemplo. Tanto es así que el caos se empezó a apoderar de la situación. Los que llegaban de últimos se colocaban primeros, y viceversa. Por eso, una de las madres, coordinadora también de uno de los grupos de seguidoras, decidió poner orden, y organizar las filas. Así, fue numerando a cada grupo que llegaba, hasta 126, separándolos en dos lados según tuviesen entrada de grada o de foso. Su habilidad para estructurar las filas fue tal que incluso los mismos responsables de la organización le pidieron ayuda. Llevaba desde el viernes ahí, y no había perdido la paciencia.

No se puede decir lo mismo de las madres colocadas más atrás. Allí, donde el orden del las filas de delante era inexistente, se sucedían riñas y pequeños enfrentamientos con la policía. Debido a la poca organización, las autoridades actuaron, recolocando la hilera de gente y echándola hacia atrás para dejar más espacio a los de delante. Este gesto fue mal visto por las presentes, y a la pregunta de “¿por qué os están echando hacia atrás?, una madre respondía, indignada: “Pues porque  les da la gana.  Aquí se está colando todo el mundo y a nosotros nos tienen aquí quietos”.

Pero a pesar de estos pequeños problemas, las grandes protagonistas fueron las jóvenes, que ya a esas horas contaban los pocos minutos que les quedaban para ver a su ídolo. Bien por iniciativa propia, bien motivadas por algún padre, las niñas coreaban a gritos el nombre de “Bieber, Bieber”. Cualquier ocasión era buena para hacerse notar, y sobre todo, dejar patente que en España, la “Biebermanía” está en pleno apogeo.

Para ello se crearon pancartas en las que podían leerse frases como “I was born to be a believer” (nací para ser una believer) o el mismo número de teléfono de las jóvenes, pidiendo al propio Bieber que las llamase. Una lástima que muchos de esos carteles se quedasen tirados en el suelo, amontonados junto con otros restos de basura, propios de una larga estancia en la plaza, y que, posteriormente, los barrenderos tendrían que limpiar.

También se confeccionaron camisetas y gorras, con las que las seguidoras se ataviaban para sentirse más identificadas con su adorado cantante. El color morado, el favorito de artista, predominaba en toda la plaza, pues como buenas fans,  conocían ese dato y muchos más. “Me sé todo se Justin, incluso si queréis os puedo decir la fecha exacta de su cumpleaños: el 1 de marzo de 1994. Cumplió 17 años hace tres semanas”. Otras, más arriesgadas, se atrevieron a confesar que “Justin tiene hasta los dedos de los pies bonitos”. Verdad o no, el caso es que no se puede negar que entrega y fanatismo no faltaron este martes.

Y es que en España, como en todo el mundo, las “believers” tiene muy claro por qué les gusta Justin: “Es el más guapo, el que mejor canta, y se merece lo que tiene porque ha luchado mucho”, decía una de sus fans emocionada. Otra, menos pendiente del físico, afirmaba que se enamoró del cantante cuando escuchó, en 2009, su canción One time: “La primera vez que la oí, me encantó, y todavía no le había visto en foto. Luego, está claro que su físico me impresionó, es muy guapo”.

La pasión que se desató por este adolescente de 17 años ayer en Madrid fue impresionante. La gente no dejaba de llegar, incluso las más rezagadas, que llegaron a las seis de la tarde, consiguieron colocarse entre la multitud, para disfrutar del que, posiblemente, haya sido el concierto de sus vidas.

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